Pero en realidad... ¿Quién eres tú para no serlo? Tus papeles insignificantes, no le sirven al mundo para nada. Reducirse para que los demás no sientan inseguridad hacia ti, no es ningún signo de inteligencia.
Y no somos solo algunos, es todo el mundo: en cuanto nos liberamos de nuestro miedo, nuestra presencia libera automáticamente a los demás.
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